domingo, 20 de octubre de 2013

El fuego de la muerte.

Un fuego fatuo prendió el cielo de una noche marchitada por la muerte que había tenido lugar bajo su velo. Se elevó desde el pecho del joven que lo había albergado y, deslizándose con lentitud hasta rozar la mejilla de tan hermoso ser, iluminó su rostro ceniciento. La pequeña que observaba la tragedia se tomó aquello como una señal. Se limpió con brusquedad las lágrimas, avanzó hasta el cadáver y besó sus rígidos labios, ahora tibios por la presencia espectral del fuego fatuo sobre sus cabezas. Ella nunca daba nada por perdido, ni siquiera algo tan obvio como la vida de ese chico que, sin embargo, ya estaba muerto. Por eso cuando no ocurrió absolutamente nada, cuando sus ojos se clavaron en las pupilas inertes de quien ya no estaba allí, la ira manó de sus entrañas y, alzando el puño, golpeó con fuerza el pecho de quien debería haber revivido tras su beso de amor. Y entonces ocurrió el milagro. El fuego se ocultó de la tempestad traspasando la carne muerta, y el joven despertó.

martes, 15 de octubre de 2013

Alguien mejor.

Y es que todas las sonrisas que cedí, 
y todos los abrazos que quise dar y regalé,
y todas las veces que esperé a tener la mente fría para contestar, 
y todo el cine que me conmovió, 
y todas las historias que escuché,
 y todos los libros que leí,
y todas las canciones que compuse,
y todos los minutos que guardé para mi sola,
y todos los sitios que visité y dejé atrás con amargura, 
y todos los romances que quise que fueran y serán... 
todo eso me convertirá en alguien mejor.

sábado, 12 de octubre de 2013

La esencia de las cosas (I)

Apareció en aquel bar de mala muerte y se sentó con elegancia en uno de los taburetes altos que rodeaban la sucia barra en la que yo había caido hacía más de una hora. Nos separaban unos metros y, quizás, unas cuantas copas de más. Me obligué a despegar los ojos de él y a fijarlos en el vino que sostenían mis manos y en el cristal que abrazaba su contenido para no permitirle salir. 

-Una cárcel transparente para el vino y una cárcel de cristal para mí- pensé con ironía. Quise romper a llorar.


El movimiento de un abrigo me hizo girarme hacia mi acompañante y comprendí que mis minutos de quietud habían llamado la atención del recien llegado. Su aspecto despreocupado, su mirada evaluativa taladrándome desde unos iris azules y su olor, me hicieron quedarme en blanco. De no haber sido él, habría adivinado que se trataba de otro hombre que busca provecho de una mujer que bebe sola. De no haber sido él, habría huido en cuanto tuve oportunidad. Pero el problema era que ese joven tenía la energía de quien necesita dar al mundo, y no la de quien busca arrebatar. Por eso me quedé sentada. Por eso nos observamos durante largos minutos y más tarde, le dejé romper el silencio que nos separaba.


-Has venido buscando algo y donde creías que lo encontrarías, no estaba- afirmó y, tras sus palabras, adiviné una sonrisa de quien sabe más de lo que dice.


-No te equivocas, excepto en el hecho de que yo ya sabía que mi búsqueda sería en vano y, aun así, estoy aquí sentada, bebiendo vino barato y esperando un milagro.


Volví los ojos hacia la copa de vino con pesar y la agité para observar una vez más el movimiento de su contenido. Unas manos cálidas se cerraron sobre mis dedos y los deslizaron hacia abajo para soltar mi agarre. Admiré los movimientos suaves del individuo que se había propuesto salvarme aquella noche y, por qué no, le dejé hacer el papel de príncipe. Sonreí con tristeza cuando le vi dejar su vaso de whisky al lado de mi copa, pero de pronto le sentí tirar con suavidad de mis manos para que me levantara de mi asiento.


-El milagro se producirá si bailas conmigo.


Agudicé el oído y me percaté por primera vez en todo el tiempo que había pasado en esa barra de que, efectivamente, un perfecto ritmo marcado por notas de jazz llenaba el ambiente y se mezclaba con el humo de la sala hasta hacer que todos los presentes, incluidos los borrachos, recibieran la visita de la melancolía. Miré a los ojos a mi acompañante y, aunque caí sin rechistar en la profundidad de una mirada que esperaba con ansia iniciativa por mi parte, tuve fuerzas para decir:


-No sé quien eres- y él suspiró, y después alzó mis manos y besó mis nudillos con apenas un roce.


-Ni yo sé quién eres tú, pero eres la única persona en este momento que puede acompañarme y hacer que me sienta menos solo, menos cansado, menos nada- y lo peor fue que comprendí sus palabras y le seguí.


Mis pasos eran débiles, pero él me sostenía con firmeza. La mano derecha a mi espalda. La mano izquierda sosteniendo mi derecha y nuestras ropas estrechándose a cada paso. El vaivén de su olor me taladraba el pecho. ¿Quién eres? ¿Por qué tú? ¿Por qué nosotros?


-¿Por qué?- pregunté sin darme cuenta.


-Baila conmigo. Olvídate de todo. Olvida el alcohol, tu casa, las normas y sobre todo quién eres. Hoy solo necesitamos bailar. Lo necesito...- susurró y, cuando alcé la mirada, vi que tenía los ojos cerrados. 


Debió de sentir que le observaba, porque sonrió y se escondió de mi vista apoyando la mejilla en mi cabeza. Fue un gesto tan tierno que me hizo esbozar una tímida sonrisa a mí también y que, de pronto, me hizo sentir que no estaba con un desconocido, sino con alguien que llevaba tiempo buscando, con quien compartía una extraña intimidad que  nadie podría intuir hasta vernos al lado.


Mientras las notas de jazz se iban perdiendo en una taberna que ya solo ocupábamos dos extraños, el sueño comenzó a alzar sus dedos sobre mí. Cerré los ojos y me apoyé sobre el único hombro que habría podido alzarme en aquel instante. Automáticamente nuestro vaivén se hizo más lento. Sentí que ni siquiera necesitaba sostenerme en pie, porque él me sujetaría para toda la eternidad.


-¿Quién eres?- pregunté de nuevo.


-Solo un alma que buscaba con quien compartir la soledad. Y que para su suerte, lo ha encontrado- musitó-. No pares de bailar.


-Estoy cansada- ni siquiera estuve segura de haber dicho aquello en voz alta.


-Descansa sobre mí- y sentí que cambiaba su peso y su agarre, y aquello pareció más un abrazo que una postura de baile. 


Y entonces el arrullo de su palpitar y la música, y quizás también el calor que emanaba de su cuerpo.... o quizás su pecho vibrando mientras tarareaba la última canción que bailamos... o quizás... No sé. No recuerdo qué ocurrió, pero la cuestión es que olvidé las palabras. Olvidé cómo había llegado a ese bar. Olvidé mi origen, mi procedencia y mi nombre. Horas más tarde sentí la mullida hierba en la espalda, la brisa del exterior en el rostro y mi mano alzándose a cada respiración de aquel joven. No habíamos vuelto a hablar, solo compartimos el sueño y nuestra presencia y, por una vez, no necesité nada más. Y supe que él lo sabía, porque nunca, nunca... me pidió otro baile.



*Podéis preguntarme de dónde salió esta historia, que ni siquiera es un relato completo. No podré responder. Solo sé que necesitaba escribir o dejar constancia de lo que quería en estos instantes. Un algo, un ente, una presencia que esté ahí. Y que esté ahí sin más. Una conexión o un "lo entiendo, pero baila conmigo. Sé que es lo que necesitas". Nada más. Y esto es lo único que he obtenido hoy...

**Reconstrucción---La esencia de las cosas (II) http://garabatolvidado.blogspot.com.es/2014/06/reconstruccion-la-esencia-de-las-cosas.html

miércoles, 9 de octubre de 2013

Lo que soy.

Cuando me miré al espejo, no hubo seña alguna de reconocimiento en mi rostro y, por un instante, pensé que me había perdido por completo. Me dije: ¿y si he cambiado tanto que ya no sé ni quien soy, ni dónde estoy, ni el rumbo que he tomado? Entonces me vi impulsada a hacer algo totalmente absurdo. Pegué la oreja al espejo y... sí. Allí, donde yo me buscaba, percibí un murmullo que fue reconocido por mi subconsciente como un latido. Más concretamente como MIS latidos, los que me daban vida... y me encontré de nuevo.

miércoles, 2 de octubre de 2013

El Hada de las Palabras

El Hada de las Palabras perfecciona sus poemas escuchando a los hombres, pero cuando quiere unir dos almas susurra con malicia unos cristalinos versos en sus oídos. Los manipula y les hace pensar que el azar ha puesto las mismas palabras en sus mentes, en individuos lejanos e incompatibles. Que por ende, creatividad tan brillante debe realizar el camino formando una sola esencia. Así se crea el destino. Surge de un engaño tan vil que ni las propias hadas podrían haberlo ideado.