jueves, 16 de junio de 2022

martes, 24 de mayo de 2022

Ya soy mayor

A la cuarta vez que me cambió la disposición de la habitación, me enfadé de verdad. Se afligió bastante y prometió no volver a hacerlo, pero recriminándome a la vez que yo tenía mucho carácter, cosa que en absoluto es cierta. Hoy ha olvidado sus palabras por quinta vez. He estallado en argumentos sobre por qué necesito mi espacio personal mientras vivamos bajo el mismo techo. Me controlo a nivel infinito a pesar de que me gustaría que se cayese el cielo, simplemente, porque estoy discutiendo con mamá y la quiero demasiado. No obstante, en su mente, yo estoy montando un numerito realmente exagerado. Estoy segura.

Ella defiende una y otra vez que esta es su casa y que mi cuarto está mejor así (como sea que ella lo ponga). Nunca quiere entender  ni ceder, pero esta vez quiero que me escuche. Hablo y hablo, nos pisamos. Soy más directa, para que esta vez cale el mensaje. Se ha puesto triste, casi haciendo un puchero medio enfadada medio queriendo mandarme a la porra, y ha refunfuñado que está cansada porque siempre me cabreo por tonterías. No quiere entender que esos siempre, son el mismo enfado. Siempre es la misma circunstancia, en diferentes tiempos y perspectivas, la que me saca las uñas para defender mi territorio. 

Prefiere no asumir que estoy rozando los treinta años y que ya sé elegir mi vida sin su ayuda. Que es hora de que se baje levemente del escenario para dejarme elegir. Que sé lo que quiero, y que necesito tener control sobre una pequeña porción de mi entorno. Al menos, sobre mis cosas. Mi privacidad es algo imprescindible, incluso si tengo que volver a casa una y otra vez porque el sueldo no da para nada. Está molesta y ya no me oye y, como me da pena, no quiero seguir discutiendo. Discutir con mamá es extenuante, porque no quiero hacerla daño. Si tan solo supiera lo que me controlo... pero no lo sabe. Y volverá a errar. Porque para mis padres nunca seré suficientemente mayor. 

jueves, 27 de enero de 2022

Balanza amañada.

Qué cómico resulta tenerlo todo y que nunca se considere suficiente para sobrevivir, como si la vida tuviera un cauce propio y la realidad exigiera otro rumbo al que dirigirse.
Qué envidia dan las personas que tienen toda su vida resuelta, pero qué lástima da cuando no ven que no puedes seguir todos sus pasos, por mucho que lo desees. 
Qué ridículo es el echar de menos diariamente, cuando al tener que regresar a donde les esperas, ellos en realidad sienten pena y nostalgia de lo que dejan. 

La vida da muchas vueltas, dicen. 
Yo solo veo que es una balanza que nunca está equilibrada para todos.



domingo, 24 de octubre de 2021

Queja formal

Cómo odia los enfrentamientos. Tiene miedo. Tanto, tanto miedo, que le castañean los dientes.  Relee otras veinte veces lo que ha escrito. Un poco agresivo. Le da una vuelta de tuerca. Qué blando. Es que en realidad fue bastante fuerte. Lo cambia de nuevo. Se plantea si con el tiempo que ha pasado, merecerá la pena tanto quebradero de cabeza. Total, ya no es cosa suya. ¿O sí lo es? ¿Son cosa suya las personas del futuro? ¿Va con ella mirar a otro lado y que las cosas injustas sigan siendo igual para siempre?

Piensa un rato que se antoja eterno y al final, aprieta el botón "enter". Qué de temblores. Pero no pasa nada en absoluto. Al menos, no inmediatamente.

"Corre, email", piensa. "Llega lejos y que sea yo la única que no sepa que te han leído. Por lo menos, para mi salud mental."

miércoles, 21 de abril de 2021

Despido improcedente

La verdad es que ya se hace hasta aburrido. Estaba tan claro desde el principio, que los dioses podrían haberme ahorrado la estafa inicial. No sé, para no sufrir, por ejemplo. Ahora solo puedo pensar en que la mentira era lo real y que el resto simplemente está mal dirigido. En que estoy en una trama secundaria temporalmente, cuando en realidad lo que pasa es que el guion ha sido modificado... Sin avisarme de mi despido.

viernes, 20 de noviembre de 2020

Cambio de agujas

 Se sentó en el empedrado del soportal, justo al borde de donde acababa el tejadillo que la protegía de la lluvia. Un centímetro más lejos de su nariz, una cortina de pequeñas gotas caía con rectitud furiosa hasta el suelo. No sabía que el agua terminaría siguiendo la pendiente de las grietas y alcanzaría su refugio serpenteando por el grabado de las baldosas, precisa hasta mojar su pantalón, así que permaneció allí quieta y confiada más tiempo de la cuenta. 

Se sentía un poco como antaño. Adormilada y sin muchas ganas. El tiempo había decidido ir más despacio y dejar espacio para que todo se masticase a la perfección. Suspiró varias veces y bostezó. Bostezó mil veces, como sin aire. 

Notaba distorsionado todo aquello que había dado sentido a su trayectoria hasta aquel entonces, como si de nuevo se hubieran cambiado los raíles de su tren. Y ya no sabía qué importaba y qué no, ni qué esperar de lo que pensaba conocer. Ni tan siquiera estaba segura de qué quería hacer en los minutos siguientes.

Se vio movida por otro instinto que nada tenía que ver con lo que quería o había decidido. Dio un respingo al notar el agua calar sus piernas, y luego sus muslos. Masculló unas cuantas palabrotas mientras se sacudía, pero estaba calada y tuvo que girar sobre sus pasos y regresar a casa. A veces es la vida la que no nos deja permanecer estáticos mucho tiempo. Si no tomas tus decisiones, otros las tomarán por ti. Y en ocasiones, tampoco lo vamos a negar, esa inercia es la que nos hace seguir adelante.

domingo, 15 de noviembre de 2020

Marcesible

Mientras te paras a pensar en el tiempo que va pasando,
esa gente a la que llevas tanto sin ver crece, 
cambia su vida y se aleja. Divergen para llegar a su futuro "yo". 


                                                                                                Y te lo estás perdiendo.

                                                                                                 Y tú y yo ya no nos conocemos de nada.






                                                                                                 

sábado, 31 de octubre de 2020

Y así como de sopetón

confirmamos temores

que supusimos reales

en algún momento lejano,

pero que no han perdido importancia

al ser la leña que lanzará el tiempo

para poner a prueba la confianza

y resquebrajar el orgullo 

de compartir aventuras.

miércoles, 21 de octubre de 2020

La ley de la perspectiva.

 Solo te sentirás insignificante, 

cuando te contemples desde los ojos celestiales,

en vez de desde los de quien te ama.






domingo, 11 de octubre de 2020

Se cambian las tornas.

Hace mucho que no la eligen. Y si la eligen, nunca es entera, si no en cachitos o para instantes. Sin embargo, a cada decepción recupera la ilusión. "Esta vez me toca. Hoy seguro que soy yo". No ha terminado ni de pensar en sus divagaciones y ya tiene otro "no" en la cara. Y cree que ha pasado mucho tiempo y que ya es hora de su turno, que obviamente por probabilidad y sentido común, debería de escuchar algo positivo a la próxima, tener éxito. Pero se da de bruces una y otra vez contra la misma pared. Toda la voluntad para luchar, derramada por el suelo.


Cuando el desgaste es absoluto y la ilusión se ha disipado, se recluye ensimismada, porque no entiende nada. Y en alguna parte del mundo, justo cuando ya no está entre las opciones, cuando es demasiado tarde... de pronto, alguien la echa de menos. Y ya no la puede escoger.