No sé ni por dónde empezar a desenredarme.
jueves, 16 de marzo de 2023
lunes, 13 de marzo de 2023
Comunidad
Miró la pared que tenía enfrente, evaluativa. Con las piernas cruzadas y la cara manchada de tiza, trazaba una y otra vez unas líneas verdes y sinuosas sobre un horizonte blanquecino. Tenía el semblante ensombrecido y un halo hermético que por poco los expulsó de allí, pero la pared de hormigón destellaba con colores inverosímiles. Había mucha belleza en aquella estampa.
Ambos habían sentido abrirse La Brecha y, significara lo que significase, no podían negar que habían podido respirar por primera vez en semanas. Se miraron e inclinaron la cabeza a modo de saludo cuando se encontraron en la puerta de la localización. Luego, toda su atención se posó de una forma casi obsesiva sobre la joven que pintaba. Entraron en la habitación sin hacer ruido, tanteando terreno.
El más alto de los dos, con una energía tan luminosa como la luna llena, se agachó a su espalda. Cerró los ojos y buscó en La Brecha el significado de la imagen que se distinguía en el muro. Normalmente, ellos deberían de haberlo sabido todo, pero, por algún motivo, aquella vez había sido diferente. Ella los había cegado, a propósito. Las imágenes fueron apareciendo como una historia en sus mentes, tres melodías por fin sincronizadas. Uno de los dos mostró los dientes y gruñó. El otro solo suspiró y sintió una presión descomunal en el pecho.
Fuera quien fuese el que inició el movimiento, una mano comprensiva se posó en el hombro de la artista. Los movimientos de esta cesaron y abandonó la tiza que estaba usando en el suelo, junto a otras ya casi consumidas. Miró su obra, y aunque no le veían el semblante, parecía resignada al recuerdo que la había impulsado a crearla. Tras un leve intercambio de miradas, una segunda mano se posó en su hombro izquierdo y el gesto lo detonó todo. Ambos jóvenes sintieron como una maza el primer espasmo que la atravesó, pero dejaron que el dolor se repartiera, como siempre habían hecho, entre todos, para hacerlo más llevadero.
domingo, 12 de marzo de 2023
sábado, 4 de marzo de 2023
Si estoy fuera, no estoy dentro.
Toma aire. Aguántalo. Suéltalo despacio, despacio, despacio.
El corazón se enfurece. Repetimos.
Toma aire. Aguántalo. Suéltalo despacio, despacio, despacio.
Tendida en el suelo, estira las piernas y los brazos al máximo posible. Las manos buscando el presente, acarician la tarima y tratan de compensar la mente. Si estoy fuera, no estoy dentro. Me aparto.
Suéltalo despacio.
Un segundo de tregua y regresa otra vez.
Despacio, despacio, respiro, me aguanto, me aislo, me canso.
jueves, 2 de marzo de 2023
Punto de partida
—Hace mucho que no vienes — dijo.
Su voz se oyó mientras se aproximaba con paso desenfadado, las manos en los bolsillos y una media sonrisa rompiendo su armonía.
El joven al que se dirigía, con los ojos claros perforando el horizonte, no se molestó en desviar la mirada para atenderlo. Su camisa blanca y holgada se pegaba a él mientras luchaba por zafarse del viento. Algunos mechones rubios se mecieron ante sus ojos. Su silueta, con las manos situadas a su espalda, recordaba a antiguos mitos sobre héroes y semidioses.
—Hace mucho que no me llama — musitó como respuesta, notando como su compañero se situaba a su lado, mirando también hacia el atardecer y al mar que lo precedía.
La energía que emanaba del recién llegado era demoledora. Había en ella oscuridad, sí... algo que ponía la piel de gallina, casi violento. También había algo altanero, resuelto y seguro. Muy de fondo, escondido entre capas y capas de misterio, quizá, un amor incondicional como el que él mismo ocultaba desde hacía años. Ese muchacho, por más que lo provocara una y otra vez, tenía su respeto. Cada uno cumplía con su deber allí y, aunque jamás se lo confiaría, en ocasiones llegaba a pensar que era su tarea y no la que él mismo hacía, la más difícil y delicada de las dos.
—Hoy la he visto — dijo, rompiendo el silencio. Se pasó la mano por el pelo, oscuro como la noche, y volvió a meter las manos en sus vaqueros.
—¿Has hablado con ella? — preguntó con serenidad.
—No. Ni siquiera me he acercado. Ya sabes que suelo mantenerme al margen - esa frase provocó un leve carraspeo divertido. El chico entornó los ojos y esbozó una media sonrisa también. Antes de continuar, sin embargo, su rostro tomó un matiz diferente. Contrariado y preocupado-, pero...
Sintió cómo se le ponía la piel de gallina. No solía haber peros cuando se trataba de él. Se giró y, por primera vez en mucho tiempo, se miraron a los ojos. Oscuridad contra luz, sus energías parecían mezclarse allí donde se tocaban. El pelo azabache de su compañero se ondulaba con la humedad, pero sus ojos parecían arder como el fuego. Tomó aire y notó que la tensión cedía.
—¿Qué ocurre?
—Que no me ha dejado entrar. — Y aquella última palabra sonó como si estuviese apretando los dientes.
Las palabras lo golpearon como la metralla. Evaluó por un momento sus facciones buscando alguna vacilación. Un signo de que le estaba mintiendo. El aludido negó con la cabeza, las sombras comenzando a rodearlos y la luz cediendo al abrazo. Tras ellos, hacia tiempo que todo se había apagado.
—Mantengamos la distancia — decidió, pese a que en su interior quería salir corriendo hacia allí.
—¿Y los demás?
—Que ni se les ocurra acercarse...
martes, 28 de febrero de 2023
AntiPigmalión
Se quedó paralizada, mirando entre las ramas de un sauce como una miserable ladrona. Estaba empezando a nevar, pero era incapaz de moverse, de hacer algo de utilidad, de llamar la atención. Se petrificó aun con el corazón yendo a mil revoluciones por segundo.
- Cobarde - farfulló para sí.
El miedo se convirtió en una quietud asfixiante que la retuvo como si estuviese tallada en marfil. No dio ni un solo paso más.
domingo, 26 de febrero de 2023
Necios.
Necios fueron aquellos que siguieron adelante. El sendero rompe abrupto en un colosal abismo que no se ve desde lejos y del que no se prevee su inmensidad. Tampoco se siente su gélido aliento hasta que lo tienes aferrándote el cuello, sediento, hostil.
Necios son los que caminan sin torcer el torso, recibiendo los vientos siempre en la espalda, acuciantes y seductores. Se los llevan en volandas hacia unas fauces bien abiertas. Ni lo huelen ni lo presienten hasta que sus huesos se rompen contra el suelo. El chasquido hace eco en la noche.
Necios serán los que no se aferran al saber popular, aquel que tararean las madres en las cunas; que solo tienen que detener la marcha y desear subir para no conocer caída alguna. Siempre más alto, cabeza al cielo, manos hacia las estrellas para nunca jamás rozar el fin. Os lo susurran desde niños, pero los necios nunca escuchan. La eternidad no es para ellos.
miércoles, 25 de enero de 2023
A la luz de una vela
La noche es perpetua. No se escucha nada. La danza de la llama trepa, salta de esquina a esquina y a veces intento atraparla cuando husmea entre mis papeles. Sonrío, pero no pierdo la concentración. La tinta corre ávida sobre el papel. Mis dedos se mueven para desentumecer las piernas, enredadas en una postura incorrecta, pero el susurro de las palabras no cesa. Arrastro el negro contra el blanco. Huelo el frío fuera de mi casa. Nada importa. La noche es perpetua.
domingo, 8 de enero de 2023
Sonder
De vez en cuando revisa su diario.
Me he dado cuenta de que lo mira cuando los días están especialmente oscuros, si no tiene nada que hacer a su alcance o cuando salta una canción determinada en la radio. Siempre se le nublan los ojos y parece ausente. Nunca sé si debo preocuparme. Ni siquiera estoy seguro de que deba intervenir.
Sé cuál es su historia y, después de estos años, la conozco. Una vez le pregunté si creía que lo superaría. Me miraba a los ojos mientras pensaba en ello. En aquel entonces, no solía hacerlo. Lo de mirar tan fijamente, quiero decir. Me sorprendió muchísimo y dio más peso a su respuesta.
- Creo que hay cosas que no se superan. Simplemente, toleramos vivir con ellas en el recuerdo - musitó.
Es posible que aquella confesión no me sentara bien. No lo entendí del todo, supongo. A veces somos incapaces de imaginar la complejidad de las vidas de los demás. Me habían metido en la cabeza que en cualquier relación, todo debía ser de una determinada manera. Que las demás posibilidades estaban mal. Ella me abría los ojos una y otra vez. Con el tiempo, siempre termino dándole la razón a esas frases que no formula como yo espero.
La observo desde el marco de la puerta y cruzo los brazos. A veces está sentada en el escritorio solo unos minutos, pero otros días la veo pasar las hojas hacia atrás y hacia delante. No sé si estudia las elecciones que tomó o si anhela su juventud. Si fuera ella e hiciera eso, quizás me volvería loco con cada error que cometí. Ella, sin embargo, parece simplemente... estudiarse. Observarla se ha vuelto mi pasatiempo favorito. De vez en cuando sonríe, aunque la mayoría de las veces solo parece meditar. Hace un mes, la sorprendí llorando. Esa noche, le traje unas flores. Ahora sí que alcanzo a comprender la profundidad de lo que siente, e intento acompañarla en el duelo lo mejor que sé, aunque a veces esa comprensión me abruma. ¿Es posible vivir la vida con tal intensidad? En mi familia no hay nadie así.
Levanta la mirada del diario y me ve. Noto cómo me enfoca poco a poco. Sonrío y ahí está. Sus labios se arquéan y me regala una bellísima escena en respuesta. Quizás tolero sus momentos más taciturnos por esto. Nunca me hace dudar de que me quiere pese a que a veces, el pasado venga a visitarla. Nunca intentaría ocultarme sus sentimientos, ni permite que me de tiempo a sufrir en vano.
- ¿Quieres algo de desayunar? - pregunto, embelesado.
- ¿Salimos fuera?
Sonrío más, siguiendo su mirada. El jardín parece helado, pero estas navidades compramos una pequeña estufa para el porche. Nos permite salir incluso en los días más fríos.
- Avísame cuando estés abrigada y pongo las tostadas.
Asiente y hace un gesto raro con la cara. Sé lo que quiere. Siempre es igual. Me acerco al respaldo de su silla y la abrazo, dándole un sonoro beso en la mejilla que ha vuelto hacia mí. Me dice que me quiere y vuelve a su mundo.
-Yo también te quiero - respondo y, aunque parece que no me ha oído, veo cómo sus mejillas se colorean.
Mientras preparo las cosas, no puedo evitar desear el haberla conocido un poco antes, solo para que jamás hubiera llegado a poner en duda, que en esta vida siempre se va a merecer mucho más.
domingo, 4 de diciembre de 2022
Perfecto
La manta a cuadros sobre los hombros, el libro agotándose entre mis dedos, en la tele una peli tonta, mamá y papá en el sofá de al lado, la chimenea suena y fuera está lloviendo.
Antes lo tenía y no lo veía.
Menos mal que he despertado antes de perderlo.
martes, 20 de septiembre de 2022
Gotas
Lluvia, cae como un torrente. Limpia el mundo y perdura enterrada. Da vida a lo que vamos matando.
Cúrala.
domingo, 4 de septiembre de 2022
La papelera llena.
viernes, 2 de septiembre de 2022
Desiderium
Porque estás en cada esquina, no te dejo ir.
Porque te escogí para el camino, no te dejo ir.
Porque eres mi única constante, no te dejo ir.
Porque te asentaste en mis recuerdos, no te dejo ir.
En mi resistencia subyace una pequeña voz, donde no llegaste a alterar ninguna partícula, que grita acorralada que ya no puede ser. La oigo a lo lejos, sorprendida, y la sigo hasta un diminuto rincón para mirarla y escucharla mejor. Me echa un jarro de agua fría y repite sus palabras: ya no puede ser.
Si ella lo piensa, yo tengo que creerlo y, solo por eso, me obligo a dejarte ir, y me pudro en el anhelo mientras contemplo todos los lugares donde permanecerás para siempre, que ya no debo admirar, ni siquiera en mis más profundos sueños. Dejo que... te vayas.



