- Es hora del reinicio.
No me hacía falta mirarle para saber que tenía las manos metidas en los bolsillos y la espalda apoyada en la pared como si tal cosa. Bufé y él se rió.
- ¿Has configurado todo?
- Sí.
- ¿Te has acordado de preservar tu marca?
- Sí.
Le miré a los ojos ceñuda, poniendo en duda su palabra y regañándole al mismo tiempo por su actitud despreocupada. Era un tema serio.
- Si reinicio el ciclo y no has hecho lo que te dije, tu vida se acabará. Básicamente en dos segundos te esfumarás de la realidad - intenté remarcar cada palabra.
Me sostuvo la mirada. Vi el inicio de una sonrisa en el hoyuelo de su mejilla. Entorné los ojos y enseguida vino hacia mí para reconciliarse. Me solté de sus manos. Se rió y me buscó hasta que me tuvo entre sus brazos y me dejé hacer. Aun estaba enfadada. Intenté mirarle seria. Seguía sonriendo. Suspiré y me apoyé contra él.
- Es sólo que no quiero que desaparezcas.
- Ya no puedo irme a ningún sitio - dijo mientras hundía los dedos en mi pelo - estoy dentro de tus recuerdos.
Me alzó la mano derecha y juntos hundimos el botón correspondiente. Antes de soltarlo, cambié la cabeza de lado para no ver lo que iba a suceder.
- No es suficiente - murmuré abrazándole aun más fuerte y dejando nuestro destino en manos de la Nada.
Cuando todo dejó de temblar y la sala en la que estábamos ya no era acero y cemento sino campo, y sonaba agua corriendo río abajo y no máquinas y monitores, aun había alguien que seguía protegiéndome contra sí. En realidad era él y no yo quien más miedo tenía de dejar de existir y abandonarme, y era algo que jamás podría llegar a concebir.
viernes, 29 de diciembre de 2017
jueves, 21 de diciembre de 2017
Descascarillando
¿Cuánto tiempo hace falta para que te erosiones del todo?
Mira un poco más al suelo y un poco menos al frente.
A veces hay cristales.
martes, 28 de noviembre de 2017
Enredaderas desatendidas
Me di la vuelta y seguí andando y, aunque las semillas hacían mucho ruido mientras se resquebrajaban, no volví atrás. Intuía que sus raíces crecían y se enredaban, gritonas, y que habría flores y hojas al igual que espinas a mi espalda. Pero seguí caminando. Y cuando las ramas me impidieron el paso y me enredaron los pies no dejé de moverme, y al sentir su peso y sus heridas hice como si nada. No miré. No me giré.
No veía lo que sucedía y, por lo tanto podía, simplemente, no haber dejado nada tras de mí.
No veía lo que sucedía y, por lo tanto podía, simplemente, no haber dejado nada tras de mí.
domingo, 26 de noviembre de 2017
Control X 2017
Enero - Febrero - Marzo - Abril - Mayo - Junio - Julio - Agosto - Septiembre - Octubre - -Diciembre
sábado, 25 de noviembre de 2017
jueves, 23 de noviembre de 2017
Corazón de piedra
Tengo mucho sueño y todo va más lento que lo normal. Me cuesta teclear, y mucho más hilar palabras para formar frases. No siento nada en absoluto. Tampoco recuerdo bien cuándo aprendí a hacer esto, aunque sí que quería conseguirlo para dejar de sentir las cosas amplificadas. Era un martirio constante y, cuando ocurría algo que me afectaba, entraba en un bucle de tristeza infinita.
Tampoco sé muy bien cómo entro en este estado. El nombre y la idea partieron de "El nombre del viento", pero en algún momento lo traje a la realidad. Medité mucho sobre mí misma. Lo conseguí hacer una vez. Fue muy revelador.
Ahora lo imagino como un interruptor en la mente. On/Off. No estoy ni feliz ni triste, y todo me importa bastante poco. Mi mente racional sabe que debería estar llorando, o enfadada, o decepcionada. Pero la realidad es que no me sale hacer o sentir nada de eso. Me pesan mucho los párpados. Hago cosas automáticamente. No pienso. No atiendo. Se me olvidan algunas cosas. Pero todo está amortiguado, y puedo seguir viviendo hasta que el tiempo selle las heridas y mi interior se regenere por sí mismo.
miércoles, 22 de noviembre de 2017
Rückkehrunruhe
A lo mejor hace mucho que no miro tan dentro de mí y está todo revuelto de tanto descuidarlo.
Me pregunto si las piezas rotas encajan como lo hacían antes, o si ahora forman algo totalmente diferente. Estoy desconcertada. ¿Dónde estoy?
En el fondo, lo que más temo es que mi interior se haya convertido en algo tan afilado y cortante que duela cada vez que abro la boca para respirar.
Si así es, simplemente espero poder apagarlo como lo he hecho siempre, y entrever incluso en la oscuridad las fichas que permanecen intactas, creando los cimientos de mi propio ser.
Me pregunto si las piezas rotas encajan como lo hacían antes, o si ahora forman algo totalmente diferente. Estoy desconcertada. ¿Dónde estoy?
En el fondo, lo que más temo es que mi interior se haya convertido en algo tan afilado y cortante que duela cada vez que abro la boca para respirar.
Si así es, simplemente espero poder apagarlo como lo he hecho siempre, y entrever incluso en la oscuridad las fichas que permanecen intactas, creando los cimientos de mi propio ser.
lunes, 13 de noviembre de 2017
Mondo
Huye tan rápido como puedas.
Rompe con esa gente que decepciona, que oculta, que titubea.
Aléjate de cuanto conoces y lárgate antes de que sea tarde.
Arrastra tu cuerpo por un pentagrama y traza curvas en la superficie.
Que tiemble lo establecido, lo aceptado, lo olvidado.
Busca un hogar en una dimensión real.
No te sumerjas de nuevo.
No te escondas.
Moldea tu mundo.
Constrúyelo.
Conquístalo.
Ten amnesia.
Sé otra persona.
Ajústate a tu nueva realidad.
Que bajo tu árbol sólo puedan vararse los elegidos.
domingo, 12 de noviembre de 2017
Mokita
Se miraron a los ojos. Después de media hora, por fin, se atrevían a ceder en la batalla. El uno cayó en las pupilas del otro. Dos respiraciones profundas y aire disipándose lentamente. Quedaba poco que hablar y, lo que no se decía, ya se sabía. Sin embargo, nadie iba a hacer nada al respecto. Porque las cosas más obvias y sencillas a veces son las que más miedo da realizar.
viernes, 20 de octubre de 2017
miércoles, 18 de octubre de 2017
Giróvaga
Cerré un momento los ojos y ahí estaba otra vez. Ella, mirando por la ventana que daba al lago, desconcertada. Ella, arrinconada en ese minúsculo fragmento de la cabaña que pude visualizar de nuevo por un instante.
Abrí los ojos. Otra ventana. La del autobús que me llevaba a mis clases, a mi vida, a mi mundo. Había comenzado a llover, y quizás era eso lo que me hacía volver de vez en cuando a sumergirme. Los olores y el sonido que representaba a la perfección a la subrealidad.
Un parpadeo y otra vez: Ella, medio girada, mirándome. No, no. A mí no. Yo no estaba allí. Miraba el vacío de la casa. Se pasó la mano por el pelo y dejó los dedos medio enredados, sin saber muy bien qué estaba pasando. Notaba algo raro. Dio dos pasos hacia la puerta. Frenó. ¿No estaba esperando a alguien? ¿A algo malo quizás? Retrocedió confusa.
Enfoqué la vista. La lluvia taladraba los cristales. Los vehículos quedaban atrás. Cogíamos velocidad. Hacía calor allí dentro. La gente se arremolinaba a mi alrededor, apretujada, malhumorada, de Lunes.
Di una cabezada. Ella vio la puerta abrirse. Entró Él. Él, como siempre, allí en donde servía. Ella estiró los brazos como si algo fuera a golpearla y a arrastrarla. Luché contra el sueño. Vi fogonazos de la escena. Él corría hacia la joven. Ella se encogió sobre sí misma. La envolvió con los brazos y la sacó de la cabaña, ágil, casi como una sombra. Ambos acurrucados, en la vereda del bosque. Él, observando cómo la cabaña envejecía y se deterioraba a pasos agigantados. Ella, con la cara apretada contra su camisa para no mirar, medio sentada en la hierba.
La casa se llenó de polvo y el lago comenzó a vaciarse. El suelo se agrietó. El paisaje de ensueño quedó reducido a cenizas. Todo era un esperpento que jamás podría hacer justicia a su reflejo pasado. No se movieron.
- ¿Por qué? - murmuró Ella.
- Porque eres una errante. Aquí jamás te permitirán tener un hogar.
Sus labios no dejaron de moverse. Conversaban, pero yo ya no podía escucharlo. Arrugué el ceño, buscando las palabras. Luché por oír. Nada. Cuando desperté, sólo una frase se arrastraba por mis recuerdos. "Habla con el oráculo".
Abrí los ojos. Otra ventana. La del autobús que me llevaba a mis clases, a mi vida, a mi mundo. Había comenzado a llover, y quizás era eso lo que me hacía volver de vez en cuando a sumergirme. Los olores y el sonido que representaba a la perfección a la subrealidad.
Un parpadeo y otra vez: Ella, medio girada, mirándome. No, no. A mí no. Yo no estaba allí. Miraba el vacío de la casa. Se pasó la mano por el pelo y dejó los dedos medio enredados, sin saber muy bien qué estaba pasando. Notaba algo raro. Dio dos pasos hacia la puerta. Frenó. ¿No estaba esperando a alguien? ¿A algo malo quizás? Retrocedió confusa.
Enfoqué la vista. La lluvia taladraba los cristales. Los vehículos quedaban atrás. Cogíamos velocidad. Hacía calor allí dentro. La gente se arremolinaba a mi alrededor, apretujada, malhumorada, de Lunes.
Di una cabezada. Ella vio la puerta abrirse. Entró Él. Él, como siempre, allí en donde servía. Ella estiró los brazos como si algo fuera a golpearla y a arrastrarla. Luché contra el sueño. Vi fogonazos de la escena. Él corría hacia la joven. Ella se encogió sobre sí misma. La envolvió con los brazos y la sacó de la cabaña, ágil, casi como una sombra. Ambos acurrucados, en la vereda del bosque. Él, observando cómo la cabaña envejecía y se deterioraba a pasos agigantados. Ella, con la cara apretada contra su camisa para no mirar, medio sentada en la hierba.
La casa se llenó de polvo y el lago comenzó a vaciarse. El suelo se agrietó. El paisaje de ensueño quedó reducido a cenizas. Todo era un esperpento que jamás podría hacer justicia a su reflejo pasado. No se movieron.
- ¿Por qué? - murmuró Ella.
- Porque eres una errante. Aquí jamás te permitirán tener un hogar.
Sus labios no dejaron de moverse. Conversaban, pero yo ya no podía escucharlo. Arrugué el ceño, buscando las palabras. Luché por oír. Nada. Cuando desperté, sólo una frase se arrastraba por mis recuerdos. "Habla con el oráculo".
martes, 17 de octubre de 2017
Rotundamente.
No, no quiero decir que sí. "No", quiere decir que no. Que pare o que acabe la intervención. Pero al instante, no dentro de un rato. Si quisiera decir que sí, diría "sí". Un "sí" rotundo, seguro. No uno titubeante y pegajoso para esconder con temor un "no". Porque ese "sí", significaría que estoy de acuerdo. Que acepto. Y este "sí" podría ser gritado, riendo o llorando, si quisiera. Pero aquí el "sí" no existía. En este, como en muchos otros casos, "no" era y es "no". Y como tal, espero que sea comprendido y, sobre todo, respetado.
miércoles, 4 de octubre de 2017
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