Todo el mundo pasa caminando a grandes zancadas y yo sólo quiero otro baile.
miércoles, 31 de mayo de 2017
domingo, 30 de abril de 2017
O
Oye, que he decidido que eres un poco egoísta,
Y que no me ha convencido tu discurso de sacrificio,
Porque yo también tengo ombligo.
martes, 25 de abril de 2017
Perspectiva y orgullo.
A veces me pregunto...
¿Quién sería yo, si me conociera a través de ti?
¿Quién sería yo narrada por la boca de algún herido, ofendido, olvidado, perdido?
A veces me pregunto si ese alguien sería capaz de contar la verdad por encima de sí mismo.
Si explicaría lo que soy, lo que quise ser, lo que fui, contando también lo que significaba para mí.
Si el nudo de versos y prosa que se crearían con la perspectiva por delante podrían asemejarse un poco a la realidad,
y si me dejarían conocerme, por fin, a través de otra persona.
Si explicaría lo que soy, lo que quise ser, lo que fui, contando también lo que significaba para mí.
Si el nudo de versos y prosa que se crearían con la perspectiva por delante podrían asemejarse un poco a la realidad,
y si me dejarían conocerme, por fin, a través de otra persona.
Escher
lunes, 13 de marzo de 2017
Yuanfen
Sólo se puso detrás de mí, como un recuerdo, como una sombra.
Se puso detrás sin rozarme siquiera, pero el calor de un escalofrío lento y conocido reptó por mi espalda y mi nuca. Clavé los pies en el suelo para no moverme y que no notara ese imán que siempre me inclinaba hacia donde estaba. Cerré los ojos mientras seguía escuchándole hablar de cosas sin sentido, cosas tan lejanas a ese momento que mi mente sólo traducía las palabras en zumbidos apagados.
Mis dedos ardían. Ladeé la cabeza, buscándole. Noté su olor y el calor que desprendía su cuerpo. Se estaba riendo. Entonces se llevó su risa a otra sala y noté la vibración que me tenía hipnotizada huyendo de mí, siguiendo su estela. La habitación se quedó en silencio. Hacía frío. Abrí los ojos y enfoqué la mesa, donde la taza de café me esperaba sobre mis papeles. Recuerdo haber pensado que esa sensación era lo más bonito que había sentido en meses.
sábado, 4 de febrero de 2017
Querida Amanda.
Querida
Amanda:
Ignora
el papel cubierto de barro y arrugado por la lluvia, pues el camino hasta aquí
fue largo y complicado. Si ves manchas de sangre, tranquila, no es mía. Las
tropas salieron al alba dispuestas a avanzar varios kilómetros hacia el Norte. Hace
unas horas, la mitad de los hombres que partieron han regresado. No te
describiré lo que vimos entrando por nuestras puertas. El terreno hasta la
capital estaba sembrado de minas.
No
puedo entretenerme, pues el mensajero marchará sin tardanza para avisar de lo
sucedido. Aquí, en el hospital de Gò
Công, estamos seguros, pero no sabemos por cuanto tiempo: se acercan las
guerrillas. Hay instantes en los que veo todo pasando a mí alrededor a cámara
lenta. Los heridos, las enfermeras. Miro mis manos teñidas de rojo y me
estremezco. Me pregunto por qué me ofrecí para venir aquí, a Vietnam, y por qué
me alejé de ti… pero en el fondo sé que nos necesitan, y que harían falta muchas
manos más para salvar a toda esta gente.
A veces vienen mujeres al hospital Amanda,
mujeres mayores, niñas y jóvenes. Siempre que voy a atenderlas temo que uno de esos
rostros temerosos sea el tuyo, y luego me tranquilizo pensando que estás a
salvo, seguramente peinando a nuestra pequeña y azuzándola para ir al colegio y
que no llegue tarde.
Dios mío Amanda. Necesito que seas fuerte por
todos nosotros, por nuestra familia y por toda la gente que está sufriendo en
esta guerra, pues en ocasiones siento que me fallan las fuerzas. Disfruta de esa
paz artificial que da la lejanía y valora todo lo que tienes, lo que vivimos
allá cuando todavía llamaba a tu puerta y tu madre me fulminaba con la mirada
mientras te resguardabas bajo su ala. Recuerda nuestros paseos a caballo, los
que dábamos mientras nuestros padres recogían la cosecha, y también el miedo
que pasábamos cuando nos anochecía en el campo, junto al alivio que
experimentábamos al encontrar de nuevo el camino de vuelta a casa.
Hace tiempo que no recuerdo esas sensaciones.
Todo se vuelve plano cuando estás rodeado por el horror. Mis compañeros dicen
que es la forma que tenemos de inmunizarnos mientras observamos las miles de caras
contraídas por el dolor de las heridas y por las fiebres, y escuchamos las
explosiones que hacen vibrar nuestros pies. A veces parece que no siento nada
más que un amor incondicional hacia la pequeña familia que hemos formado, y que
quiero creer que viajará a través de los continentes junto con esta carta para
que vosotras también lo sintáis.
Te quiero, Amanda, te quiero. Si Dios quiere
pronto podré regresar y cuidar a las personas a las que me debo. A la niña y,
sobre todo, a ti. Piensa en mí y reza, reza para que los batallones nunca
vengan al Sur. Reza por mi vida, por esta gente, por el fin de la guerra… y
recuerda que pase lo que pase, te llevo conmigo.
*Este texto fue escrito para el XXI Concurso de Cartas de Covibar el 13 de Febrero de 2016
#GarabatolvidadoConVoz: https://www.youtube.com/watch?v=HJRCDsvmZ1g
#GarabatolvidadoConVoz: https://www.youtube.com/watch?v=HJRCDsvmZ1g
martes, 27 de diciembre de 2016
sábado, 5 de noviembre de 2016
Incorrecto.
Vivir en una mentira. Eso es lo que hacéis. Todos. Casi todos. Demasiados para mi gusto.
** He encontrado este texto como borrador de Abril 2015. Estoy un poco en shock. No recuerdo qué me motivó a redactarlo, pero me ha gustado tanto que lo voy a publicar con año y medio de retraso. Ahí lo tenéis.
En esta sociedad de Internet en la que la mayoría aireamos nuestra vida, parece que todo es felicidad, todo son selfies repetitivos donde sonreímos, sonreímos, y después mostramos únicamente aquellas cosas fuera de nuestra vida rutinaria para hacer saber al mundo lo bien que vivimos.
¿He ido a un restaurante caro? Foto a la comida. Publicar. Esto es calidad.
¿He ido a dar un paseo por el campo después de dos años sin respirar aire puro? Foto a los árboles. Publicar. Amo la naturaleza.
¿Por qué os dejáis infectar? Os contamináis con vuestra propia pantomima. De pronto todo debe ser perfecto. Todo debe ser apto para ser mostrado. Hemos dado un paso adelante y cinco para atrás.
Las relaciones de pareja. Ah. Qué gran teatro. Seguís cubriendo un amor rutinario con mensajes públicos que deberían ser privados. Con corazones y azúcar por doquier para no ver la realidad, y es que muchos de vosotros ya no sois felices. Ya no sentís lo que se debe sentir cuando se está enamorado. Os ha comido el tiempo, pero seguís huyendo de la verdad. ¿Qué dirán cuando la red note la ausencia de publicaciones de vuestro amor, de vuestra historia de cuento? No se puede permitir.
Es mejor no desengañarse.
Vivamos para nuestro público.
** He encontrado este texto como borrador de Abril 2015. Estoy un poco en shock. No recuerdo qué me motivó a redactarlo, pero me ha gustado tanto que lo voy a publicar con año y medio de retraso. Ahí lo tenéis.
jueves, 6 de octubre de 2016
Me gusta. Me completa.
A veces pienso que son todas esas pequeñas cosas que me gustan las que realmente me completan.
Me gustan mis lunares y cicatrices.
Me gusta su sonrisa y sus manos fuertes y protectoras.
Me gusta la blancura de su pelo, como la de las hojas esperando ser escritas.
Me gusta el olor de los libros, el suelo frío bajo los pies desnudos... acurrucarme en ese cálido cuadrado de sol.
Me gusta encontrar y guardar tesoros, los cuadernos.
Me ENCANTA ser ordenada, observar la rapidez del crecimiento.
Darme cuenta de lo que me queda por leer.
Me gustan los frutos rojos... con chocolate. La convivencia de mis pequeños. Planear, proyectar y soñar.
Me gustan las sudaderas. TODAS. Aplazar la alarma "un ratito más".
Las gominolas azules.
Me gusta el mar, las nubes de algodón, el amanecer, la luna llena, la Tierra, este planeta.
Me gusta esta vida.
#GarabatolvidadoConVoz https://www.youtube.com/watch?v=zMSILuwLNWo
lunes, 22 de agosto de 2016
Boca abajo.
Las piernas sostienen el peso de un torbellino de ansiedad.
Tirita la melena con el susurro de un lamento,
Las vísceras se encogen al compás.
Eleva el cuerpo al cielo buscando un final.
Corren mojados la dicha y el silencio,
Nadie los puede atrapar.
La arena quiere volver a la cima evitando la oscuridad.
Juega unas cartas que sólo cimientan veneno,
piensa que así no regresará jamás.
sábado, 25 de junio de 2016
Tinta blanca.
Entré en el campamento casi arrastrando los pies. Sentía mi propia mirada desenfocada mientras acortaba la distancia entre la hoguera y el aire abatido que me rodeaba. Me senté en el suelo sin decir una palabra y me quedé contemplando el fuego, absorta. Apoyé los codos en las rodillas. Mis botas de montar rascaron la tierra con los talones, una pequeña manía que me acompañaba desde joven. Después de unos minutos, suspiré y alcé la mirada. Él tenía los ojos fijos en su espada y la roca que estaba chocando contra ella,arrancándole destellos de plata en la noche.
- ¿Ya has vuelto? - dijo.
Por la cadencia de su pregunta, entendí que no se refería al hecho de que había regresado de mi largo paseo entre las luces del atardecer.
- Sí. Lo siento... sólo estaba asumiendo el final.
Vi que le salía una pequeña arruga a un lado de la boca, esa que siempre asomaba cuando pretendía aguantar la risa o esconder un pensamiento divertido y esquivar así mi innata falta de humor.
- ¿De qué final se trata esta vez? - golpeó con tranquilidad su arma, tratando de volver a dotarla de la letal punta que la caracterizaba.
- Del libro. El libro que estaba leyendo - lo tiré a sus pies, controlando la distancia al fuego.
Me dejé abrazar por el silencio cuando el repiqueteo de su empresa cesó. Se agachó dejando la espada a un lado y tomó el libro. Lo ojeó durante unos instantes como evaluándolo y después lo apartó también. No sé si vi una pequeña mirada de desaprobación. Se inclinó ligeramente hacia el fuego, pero supe que no era para entrar en calor, sino para mirarme a través de las llamas.
- Creo que siempre tiendes a poner tu fe en el lugar equivocado.
- Me gusta creer que las cosas pueden cambiar... incluso cuando en cada página se insinúa un destino terrible. Digamos que soy masoquista - tomé una ramita seca y la hice pedazos antes de lanzar los restos a la hoguera. No me gustaba sentirme evaluada.
- Así que, te has vuelto a decepcionar.
- Ahá - musité mientras asentía.
Tras un breve silencio donde sólo escuchábamos el chasquido del fuego, se levantó y su risa se abrió paso como una corriente de agua desbordando un río. Su carcajada rebosaba tanta diversión repentina que me quedé mirándole como si estuviera majareta. Comenzó a andar hasta su tienda de campaña y, cuando salió, aun pude percibir los restos de su sonrisa en la tensión de su boca al hablar.
- Creo que tengo una solución - me tendió un objeto que parecía una caja, envuelto en pieles.
Le miré con perplejidad mientras se sentaba de nuevo frente a mí y bebía un trago de la bota de vino. Él me guiñó un ojo y yo no pude más que desenvolver el regalo, recelosa. No me fiaba de qué criterio habría seguido esa vez para decidir qué era y qué no lo que yo necesitaba. De entre las pieles surgieron unas tapas de cuero con intrincados motivos y un volumen excéntrico que parecía tan fuera de lugar en ese campamento como un pequeño dragón azulado. Lo miré con desconfianza y le di vueltas en las manos sin abrirlo.
- No tiene pinta de ser una historia que vaya a apasionarme - murmuré.
Él, que ya tenía su cabeza metida en otro extraño proyecto, rascaba con la piedra de afilar algo que no alcanzaba a ver sobre su regazo. Guardó silencio con una media sonrisa y me encogí de hombros. Desaté una especie de bridas y descubrí que dentro de esas tapas... no había nada. Era un cuaderno relleno de pergaminos absolutamente en blanco. Me quedé callada, sin saber qué decir y, de pronto, mis reflejos me obligaron a alzar el brazo y a coger algo al vuelo. Le lancé una mirada asesina tan veloz que llegué a verle posando de nuevo su mano en el suelo. Abrí el puño y apreté los labios, confusa. Allí, entre mis dedos, una pequeña rama se había convertido en algo afilado. Incrustado en su final, una pluma coloreada salía disparada hacia el cielo.
- Escribe tú la historia - dijo él con seriedad para, seguidamente, volver a reírse de mi inocencia sin piedad.
- ¿Ya has vuelto? - dijo.
Por la cadencia de su pregunta, entendí que no se refería al hecho de que había regresado de mi largo paseo entre las luces del atardecer.
- Sí. Lo siento... sólo estaba asumiendo el final.
Vi que le salía una pequeña arruga a un lado de la boca, esa que siempre asomaba cuando pretendía aguantar la risa o esconder un pensamiento divertido y esquivar así mi innata falta de humor.
- ¿De qué final se trata esta vez? - golpeó con tranquilidad su arma, tratando de volver a dotarla de la letal punta que la caracterizaba.
- Del libro. El libro que estaba leyendo - lo tiré a sus pies, controlando la distancia al fuego.
Me dejé abrazar por el silencio cuando el repiqueteo de su empresa cesó. Se agachó dejando la espada a un lado y tomó el libro. Lo ojeó durante unos instantes como evaluándolo y después lo apartó también. No sé si vi una pequeña mirada de desaprobación. Se inclinó ligeramente hacia el fuego, pero supe que no era para entrar en calor, sino para mirarme a través de las llamas.
- Creo que siempre tiendes a poner tu fe en el lugar equivocado.
- Me gusta creer que las cosas pueden cambiar... incluso cuando en cada página se insinúa un destino terrible. Digamos que soy masoquista - tomé una ramita seca y la hice pedazos antes de lanzar los restos a la hoguera. No me gustaba sentirme evaluada.
- Así que, te has vuelto a decepcionar.
- Ahá - musité mientras asentía.
Tras un breve silencio donde sólo escuchábamos el chasquido del fuego, se levantó y su risa se abrió paso como una corriente de agua desbordando un río. Su carcajada rebosaba tanta diversión repentina que me quedé mirándole como si estuviera majareta. Comenzó a andar hasta su tienda de campaña y, cuando salió, aun pude percibir los restos de su sonrisa en la tensión de su boca al hablar.
- Creo que tengo una solución - me tendió un objeto que parecía una caja, envuelto en pieles.
Le miré con perplejidad mientras se sentaba de nuevo frente a mí y bebía un trago de la bota de vino. Él me guiñó un ojo y yo no pude más que desenvolver el regalo, recelosa. No me fiaba de qué criterio habría seguido esa vez para decidir qué era y qué no lo que yo necesitaba. De entre las pieles surgieron unas tapas de cuero con intrincados motivos y un volumen excéntrico que parecía tan fuera de lugar en ese campamento como un pequeño dragón azulado. Lo miré con desconfianza y le di vueltas en las manos sin abrirlo.
- No tiene pinta de ser una historia que vaya a apasionarme - murmuré.
Él, que ya tenía su cabeza metida en otro extraño proyecto, rascaba con la piedra de afilar algo que no alcanzaba a ver sobre su regazo. Guardó silencio con una media sonrisa y me encogí de hombros. Desaté una especie de bridas y descubrí que dentro de esas tapas... no había nada. Era un cuaderno relleno de pergaminos absolutamente en blanco. Me quedé callada, sin saber qué decir y, de pronto, mis reflejos me obligaron a alzar el brazo y a coger algo al vuelo. Le lancé una mirada asesina tan veloz que llegué a verle posando de nuevo su mano en el suelo. Abrí el puño y apreté los labios, confusa. Allí, entre mis dedos, una pequeña rama se había convertido en algo afilado. Incrustado en su final, una pluma coloreada salía disparada hacia el cielo.
- Escribe tú la historia - dijo él con seriedad para, seguidamente, volver a reírse de mi inocencia sin piedad.
martes, 14 de junio de 2016
Amasijo de declaraciones. Caca seria 3.0
Últimamente no he estado nada por aquí. Creo que porque en el fondo no tenía nada que decir. No se me ocurrían historias. No me hacían ilusión las cosas. Ya no tengo esa inquietud absurda que normalmente me trae aquí y me hace escribir textos alegres, tristes, profundos o intrascendentales. Hoy no me apetece tampoco cantar, pero he regresado a mi rincón. Hoy sí quiero decir algo.
Este fin de semana he vuelto a caer en la espiral existencial de siempre. Es curioso. Tengo ganas de llorar y de reír al mismo tiempo. Parece que sin esa parte de mí no llego a reconocerme del todo. Es como un limbo que sabes que no debes pisar, pero donde mejor te sientes a largo plazo. Pierdes la estabilidad y la adrenalina te hace pensar rápido y despertar.
Las tragedias que están teniendo lugar últimamente me han sentado como una bofetada. El estrés por los estudios, esos que según dicen me asegurarán un futuro, me pesa como una roca atada a los tobillos. Qué narices estoy haciendo y qué narices está haciendo la gente, es la pregunta del millón. Mientras yo estoy aquí sumida en las responsabilidades que, para qué mentirnos, la mitad de las veces no quiero, un tío aleatorio lleva meses planeando cómo masacrar a seres de su misma especie sin siquiera inmutarse.
A veces me asombran esas diferencias tan abismales entre humanos. No puedo describir la cantidad de veces que he querido decirle a alguien: "¡¿pero tú de qué vas?!" en el último mes. Las cosas están peor de lo que creía.
Estoy tan cansada... y en fin. Supongo que nada de esto tiene sentido para los que estáis leyendo, pero necesitaba hablar. No sé transmitir la frustración que siento de manera correcta si no escribo. Me encantaría poder sacar de mi cabeza las ideas y mostrárselas directamente a las personas, y que de paso las sintieran y entendieran como yo. Pero no se puede. Me estoy ahogando en un vaso, y quizás sea ese el motivo que me ha llevado a leer de nuevo con la avidez del pasado.
"¿Qué mierda es esta que estoy viendo a mi alrededor?" "¿Quién te crees que eres?" "¿En serio me acabas de decir eso?" Basta ya de ser dóciles. Basta de dejarse pisotear. Basta de callarse, de ver todo el mal que crea la gente de nuestro alrededor y permitirlo. Hay que pararlo. No pienso consentir ni un solo gesto de odio, mala educación, humillación, falta de respeto, alzamiento de mano, violencia o insulto delante de mí. Estoy cansada sí, pero suficientemente despierta como para entender que si no hacemos algo esto se nos va a ir de las manos. Tenemos lo que nos merecemos en conjunto, pero nunca tenemos lo que nos merecemos como individuos. No voy a mancharme las manos de sangre por otros, ni voy a asumir sus responsabilidades. Se acabó. Quiero justicia y quiero paz. Quiero humanos siendo humanos y no una panda de impresentables energúmenos dándose puñetazos en el pecho y gritando que son los héroes de la Tierra. La Tierra se muere y nosotros nos matamos entre nosotros. ¿Qué nos queda? ¿Por qué tengo que vivir para siempre con el miedo de cruzarme con la traición y la persona equivocada? No voy a hacerme responsable del rumbo que estamos tomando, y me aseguraré de que nunca pueda decirse que no hice nada para evitarlo.
No quiero ánimos. No estoy mal. Estoy yo. Estoy más yo que en los últimos meses. Estoy en huelga. Anhelo una vida en su más puro significado. Ninguno de nosotros puede tenerla en estas circunstancias... y yo quiero conseguirla. Y la voy a conseguir.
Este fin de semana he vuelto a caer en la espiral existencial de siempre. Es curioso. Tengo ganas de llorar y de reír al mismo tiempo. Parece que sin esa parte de mí no llego a reconocerme del todo. Es como un limbo que sabes que no debes pisar, pero donde mejor te sientes a largo plazo. Pierdes la estabilidad y la adrenalina te hace pensar rápido y despertar.
Las tragedias que están teniendo lugar últimamente me han sentado como una bofetada. El estrés por los estudios, esos que según dicen me asegurarán un futuro, me pesa como una roca atada a los tobillos. Qué narices estoy haciendo y qué narices está haciendo la gente, es la pregunta del millón. Mientras yo estoy aquí sumida en las responsabilidades que, para qué mentirnos, la mitad de las veces no quiero, un tío aleatorio lleva meses planeando cómo masacrar a seres de su misma especie sin siquiera inmutarse.
A veces me asombran esas diferencias tan abismales entre humanos. No puedo describir la cantidad de veces que he querido decirle a alguien: "¡¿pero tú de qué vas?!" en el último mes. Las cosas están peor de lo que creía.
Estoy tan cansada... y en fin. Supongo que nada de esto tiene sentido para los que estáis leyendo, pero necesitaba hablar. No sé transmitir la frustración que siento de manera correcta si no escribo. Me encantaría poder sacar de mi cabeza las ideas y mostrárselas directamente a las personas, y que de paso las sintieran y entendieran como yo. Pero no se puede. Me estoy ahogando en un vaso, y quizás sea ese el motivo que me ha llevado a leer de nuevo con la avidez del pasado.
"¿Qué mierda es esta que estoy viendo a mi alrededor?" "¿Quién te crees que eres?" "¿En serio me acabas de decir eso?" Basta ya de ser dóciles. Basta de dejarse pisotear. Basta de callarse, de ver todo el mal que crea la gente de nuestro alrededor y permitirlo. Hay que pararlo. No pienso consentir ni un solo gesto de odio, mala educación, humillación, falta de respeto, alzamiento de mano, violencia o insulto delante de mí. Estoy cansada sí, pero suficientemente despierta como para entender que si no hacemos algo esto se nos va a ir de las manos. Tenemos lo que nos merecemos en conjunto, pero nunca tenemos lo que nos merecemos como individuos. No voy a mancharme las manos de sangre por otros, ni voy a asumir sus responsabilidades. Se acabó. Quiero justicia y quiero paz. Quiero humanos siendo humanos y no una panda de impresentables energúmenos dándose puñetazos en el pecho y gritando que son los héroes de la Tierra. La Tierra se muere y nosotros nos matamos entre nosotros. ¿Qué nos queda? ¿Por qué tengo que vivir para siempre con el miedo de cruzarme con la traición y la persona equivocada? No voy a hacerme responsable del rumbo que estamos tomando, y me aseguraré de que nunca pueda decirse que no hice nada para evitarlo.
No quiero ánimos. No estoy mal. Estoy yo. Estoy más yo que en los últimos meses. Estoy en huelga. Anhelo una vida en su más puro significado. Ninguno de nosotros puede tenerla en estas circunstancias... y yo quiero conseguirla. Y la voy a conseguir.
domingo, 8 de mayo de 2016
Fuera.
Mejor vete lejos, a ese punto en el que la cuerda está tensa y no me hace perder el equilibrio. Quiero la luz golpeándome plenamente, sin perderme ni un rayo de sol por tu sombra.
No quiero tu tsunami de palabras pretendiendo que me sienta culpable, ni los pensamientos sembrando sus raíces en las dudas.
Te devuelvo los 15 tomos de "cómo ser buena persona" que me regalaste, sobre los que decías tener un doctorado. También la cicuta que me diste como marca páginas.
Doy gracias a que la mitad de las cosas me resbalan. Aprovecha y vete con todas tus paranoias, tus berrinches, los cachivaches que me trajiste y ocupan sitio, y el juego de inventar historias que tanto te gustaba. Aquí tienes el papel del destierro.
Desterrado de "A donde yo vaya".
jueves, 7 de abril de 2016
¿Y ahora?
Hacía sol, mucho sol. Era verano y recuerdo que mirabas al suelo y dibujabas sobre la hierba.
Los rizos se te desparramaban por la cara mientras hablabas y yo recogía el cuaderno que me tendías.
Tú tocabas notas difusas en la guitarra y yo leía muchas palabras que formaban frases cuyo trasfondo no entendía del todo.
No sabíamos muy bien qué hacíamos ahí ¿verdad? Era una situación rara para dos desconocidos. Dicen que hay hilos invisibles uniendo a ciertas personas a lo largo de todo el mundo. Quizás un lazo se nos había enredado en las muñecas y nos amarraba a esa cuesta tan nuestra donde todo fluía como el lago bajo nuestros pies. Ya no lo sé. No sé como se rompen los lazos ni cuándo los hilos dejan de existir. Sólo recuerdo con nitidez el silencio tranquilo de aquella pradera, interrumpido únicamente por el roce del follaje, que acompañaba tu melodía en la cumbre de los árboles y el quejido de tus páginas escritas siendo liberadas por primera vez.
No estoy segura de cuándo decidí que era el momento adecuado para hacer preguntas, ni cuándo cerré aquel diario y alcé la mirada para verte responder, pero recuerdo que tú ya llevabas tiempo observándome, callado.
- Nunca nadie me había preguntado eso antes.
Y supongo que fue ahí cuando lo entendimos.
Los rizos se te desparramaban por la cara mientras hablabas y yo recogía el cuaderno que me tendías.
Tú tocabas notas difusas en la guitarra y yo leía muchas palabras que formaban frases cuyo trasfondo no entendía del todo.
No sabíamos muy bien qué hacíamos ahí ¿verdad? Era una situación rara para dos desconocidos. Dicen que hay hilos invisibles uniendo a ciertas personas a lo largo de todo el mundo. Quizás un lazo se nos había enredado en las muñecas y nos amarraba a esa cuesta tan nuestra donde todo fluía como el lago bajo nuestros pies. Ya no lo sé. No sé como se rompen los lazos ni cuándo los hilos dejan de existir. Sólo recuerdo con nitidez el silencio tranquilo de aquella pradera, interrumpido únicamente por el roce del follaje, que acompañaba tu melodía en la cumbre de los árboles y el quejido de tus páginas escritas siendo liberadas por primera vez.
No estoy segura de cuándo decidí que era el momento adecuado para hacer preguntas, ni cuándo cerré aquel diario y alcé la mirada para verte responder, pero recuerdo que tú ya llevabas tiempo observándome, callado.
- Nunca nadie me había preguntado eso antes.
Y supongo que fue ahí cuando lo entendimos.
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