Un fuego fatuo prendió el cielo de una noche marchitada por la muerte que había tenido lugar bajo su velo. Se elevó desde el pecho del joven que lo había albergado y, deslizándose con lentitud hasta rozar la mejilla de tan hermoso ser, iluminó su rostro ceniciento. La pequeña que observaba la tragedia se tomó aquello como una señal. Se limpió con brusquedad las lágrimas, avanzó hasta el cadáver y besó sus rígidos labios, ahora tibios por la presencia espectral del fuego fatuo sobre sus cabezas. Ella nunca daba nada por perdido, ni siquiera algo tan obvio como la vida de ese chico que, sin embargo, ya estaba muerto. Por eso cuando no ocurrió absolutamente nada, cuando sus ojos se clavaron en las pupilas inertes de quien ya no estaba allí, la ira manó de sus entrañas y, alzando el puño, golpeó con fuerza el pecho de quien debería haber revivido tras su beso de amor. Y entonces ocurrió el milagro. El fuego se ocultó de la tempestad traspasando la carne muerta, y el joven despertó.
domingo, 20 de octubre de 2013
martes, 15 de octubre de 2013
Alguien mejor.
Y es que todas las sonrisas que cedí,
y todos los abrazos que quise dar y regalé,
y todas las veces que esperé a tener la mente fría para contestar,
y todo el cine que me conmovió,
y todas las historias que escuché,
y todos los libros que leí,
y todas las canciones que compuse,
y todas las canciones que compuse,
y todos los minutos que guardé para mi sola,
y todos los sitios que visité y dejé atrás con amargura,
y todos los romances que quise que fueran y serán...
todo eso me convertirá en alguien mejor.
sábado, 12 de octubre de 2013
La esencia de las cosas (I)
Apareció en aquel bar de mala muerte y se sentó con elegancia en uno de los taburetes altos que rodeaban la sucia barra en la que yo había caido hacía más de una hora. Nos separaban unos metros y, quizás, unas cuantas copas de más. Me obligué a despegar los ojos de él y a fijarlos en el vino que sostenían mis manos y en el cristal que abrazaba su contenido para no permitirle salir.
-Una cárcel transparente para el vino y una cárcel de cristal para mí- pensé con ironía. Quise romper a llorar.
El movimiento de un abrigo me hizo girarme hacia mi acompañante y comprendí que mis minutos de quietud habían llamado la atención del recien llegado. Su aspecto despreocupado, su mirada evaluativa taladrándome desde unos iris azules y su olor, me hicieron quedarme en blanco. De no haber sido él, habría adivinado que se trataba de otro hombre que busca provecho de una mujer que bebe sola. De no haber sido él, habría huido en cuanto tuve oportunidad. Pero el problema era que ese joven tenía la energía de quien necesita dar al mundo, y no la de quien busca arrebatar. Por eso me quedé sentada. Por eso nos observamos durante largos minutos y más tarde, le dejé romper el silencio que nos separaba.
-Has venido buscando algo y donde creías que lo encontrarías, no estaba- afirmó y, tras sus palabras, adiviné una sonrisa de quien sabe más de lo que dice.
-No te equivocas, excepto en el hecho de que yo ya sabía que mi búsqueda sería en vano y, aun así, estoy aquí sentada, bebiendo vino barato y esperando un milagro.
Volví los ojos hacia la copa de vino con pesar y la agité para observar una vez más el movimiento de su contenido. Unas manos cálidas se cerraron sobre mis dedos y los deslizaron hacia abajo para soltar mi agarre. Admiré los movimientos suaves del individuo que se había propuesto salvarme aquella noche y, por qué no, le dejé hacer el papel de príncipe. Sonreí con tristeza cuando le vi dejar su vaso de whisky al lado de mi copa, pero de pronto le sentí tirar con suavidad de mis manos para que me levantara de mi asiento.
-El milagro se producirá si bailas conmigo.
Agucé el oído y me percaté por primera vez en todo el tiempo que había pasado en esa barra de que, efectivamente, un perfecto ritmo marcado por notas de jazz llenaba el ambiente y se mezclaba con el humo de la sala hasta hacer que todos los presentes, incluidos los borrachos, recibieran la visita de la melancolía. Miré a los ojos a mi acompañante y, aunque caí sin rechistar en la profundidad de una mirada que esperaba con ansia iniciativa por mi parte, tuve fuerzas para decir:
-No sé quien eres- y él suspiró, y después alzó mis manos y besó mis nudillos con apenas un roce.
-Ni yo sé quién eres tú, pero eres la única persona en este momento que puede acompañarme y hacer que me sienta menos solo, menos cansado, menos nada- y lo peor fue que comprendí sus palabras y le seguí.
Mis pasos eran débiles, pero él me sostenía con firmeza. La mano derecha a mi espalda. La mano izquierda sosteniendo mi derecha y nuestras ropas estrechándose a cada paso. El vaivén de su olor me taladraba el pecho. ¿Quién eres? ¿Por qué tú? ¿Por qué nosotros?
-¿Por qué?- pregunté sin darme cuenta.
-Baila conmigo. Olvídate de todo. Olvida el alcohol, tu casa, las normas y sobre todo quién eres. Hoy solo necesitamos bailar. Lo necesito...- susurró y, cuando alcé la mirada, vi que tenía los ojos cerrados.
Debió de sentir que le observaba, porque sonrió y se escondió de mi vista apoyando la mejilla en mi cabeza. Fue un gesto tan tierno que me hizo esbozar una tímida sonrisa a mí también y que, de pronto, me hizo sentir que no estaba con un desconocido, sino con alguien que llevaba tiempo buscando, con quien compartía una extraña intimidad que nadie podría intuir hasta vernos al lado.
Mientras las notas de jazz se iban perdiendo en una taberna que ya solo ocupábamos dos extraños, el sueño comenzó a alzar sus dedos sobre mí. Cerré los ojos y me apoyé sobre el único hombro que habría podido alzarme en aquel instante. Automáticamente nuestro vaivén se hizo más lento. Sentí que ni siquiera necesitaba sostenerme en pie, porque él me sujetaría para toda la eternidad.
-¿Quién eres?- pregunté de nuevo.
-Solo un alma que buscaba con quien compartir la soledad. Y que para su suerte, lo ha encontrado- musitó-. No pares de bailar.
-Estoy cansada- ni siquiera estuve segura de haber dicho aquello en voz alta.
-Descansa sobre mí- y sentí que cambiaba su peso y su agarre, y aquello pareció más un abrazo que una postura de baile.
Y entonces el arrullo de su palpitar y la música, y quizás también el calor que emanaba de su cuerpo.... o quizás su pecho vibrando mientras tarareaba la última canción que bailamos... o quizás... No sé. No recuerdo qué ocurrió, pero la cuestión es que olvidé las palabras. Olvidé cómo había llegado a ese bar. Olvidé mi origen, mi procedencia y mi nombre. Horas más tarde sentí la mullida hierba en la espalda, la brisa del exterior en el rostro y mi mano alzándose a cada respiración de aquel joven. No habíamos vuelto a hablar, solo compartimos el sueño y nuestra presencia y, por una vez, no necesité nada más. Y supe que él lo sabía, porque nunca, nunca... me pidió otro baile.
*Podéis preguntarme de dónde salió esta historia, que ni siquiera es un relato completo. No podré responder. Solo sé que necesitaba escribir o dejar constancia de lo que quería en estos instantes. Un algo, un ente, una presencia que esté ahí. Y que esté ahí sin más. Una conexión o un "lo entiendo, pero baila conmigo. Sé que es lo que necesitas". Nada más. Y esto es lo único que he obtenido hoy...
**Reconstrucción---La esencia de las cosas (II) http://garabatolvidado.blogspot.com.es/2014/06/reconstruccion-la-esencia-de-las-cosas.html
-Una cárcel transparente para el vino y una cárcel de cristal para mí- pensé con ironía. Quise romper a llorar.
El movimiento de un abrigo me hizo girarme hacia mi acompañante y comprendí que mis minutos de quietud habían llamado la atención del recien llegado. Su aspecto despreocupado, su mirada evaluativa taladrándome desde unos iris azules y su olor, me hicieron quedarme en blanco. De no haber sido él, habría adivinado que se trataba de otro hombre que busca provecho de una mujer que bebe sola. De no haber sido él, habría huido en cuanto tuve oportunidad. Pero el problema era que ese joven tenía la energía de quien necesita dar al mundo, y no la de quien busca arrebatar. Por eso me quedé sentada. Por eso nos observamos durante largos minutos y más tarde, le dejé romper el silencio que nos separaba.
-Has venido buscando algo y donde creías que lo encontrarías, no estaba- afirmó y, tras sus palabras, adiviné una sonrisa de quien sabe más de lo que dice.
-No te equivocas, excepto en el hecho de que yo ya sabía que mi búsqueda sería en vano y, aun así, estoy aquí sentada, bebiendo vino barato y esperando un milagro.
Volví los ojos hacia la copa de vino con pesar y la agité para observar una vez más el movimiento de su contenido. Unas manos cálidas se cerraron sobre mis dedos y los deslizaron hacia abajo para soltar mi agarre. Admiré los movimientos suaves del individuo que se había propuesto salvarme aquella noche y, por qué no, le dejé hacer el papel de príncipe. Sonreí con tristeza cuando le vi dejar su vaso de whisky al lado de mi copa, pero de pronto le sentí tirar con suavidad de mis manos para que me levantara de mi asiento.
-El milagro se producirá si bailas conmigo.
Agucé el oído y me percaté por primera vez en todo el tiempo que había pasado en esa barra de que, efectivamente, un perfecto ritmo marcado por notas de jazz llenaba el ambiente y se mezclaba con el humo de la sala hasta hacer que todos los presentes, incluidos los borrachos, recibieran la visita de la melancolía. Miré a los ojos a mi acompañante y, aunque caí sin rechistar en la profundidad de una mirada que esperaba con ansia iniciativa por mi parte, tuve fuerzas para decir:
-No sé quien eres- y él suspiró, y después alzó mis manos y besó mis nudillos con apenas un roce.
-Ni yo sé quién eres tú, pero eres la única persona en este momento que puede acompañarme y hacer que me sienta menos solo, menos cansado, menos nada- y lo peor fue que comprendí sus palabras y le seguí.
Mis pasos eran débiles, pero él me sostenía con firmeza. La mano derecha a mi espalda. La mano izquierda sosteniendo mi derecha y nuestras ropas estrechándose a cada paso. El vaivén de su olor me taladraba el pecho. ¿Quién eres? ¿Por qué tú? ¿Por qué nosotros?
-¿Por qué?- pregunté sin darme cuenta.
-Baila conmigo. Olvídate de todo. Olvida el alcohol, tu casa, las normas y sobre todo quién eres. Hoy solo necesitamos bailar. Lo necesito...- susurró y, cuando alcé la mirada, vi que tenía los ojos cerrados.
Debió de sentir que le observaba, porque sonrió y se escondió de mi vista apoyando la mejilla en mi cabeza. Fue un gesto tan tierno que me hizo esbozar una tímida sonrisa a mí también y que, de pronto, me hizo sentir que no estaba con un desconocido, sino con alguien que llevaba tiempo buscando, con quien compartía una extraña intimidad que nadie podría intuir hasta vernos al lado.
Mientras las notas de jazz se iban perdiendo en una taberna que ya solo ocupábamos dos extraños, el sueño comenzó a alzar sus dedos sobre mí. Cerré los ojos y me apoyé sobre el único hombro que habría podido alzarme en aquel instante. Automáticamente nuestro vaivén se hizo más lento. Sentí que ni siquiera necesitaba sostenerme en pie, porque él me sujetaría para toda la eternidad.
-¿Quién eres?- pregunté de nuevo.
-Solo un alma que buscaba con quien compartir la soledad. Y que para su suerte, lo ha encontrado- musitó-. No pares de bailar.
-Estoy cansada- ni siquiera estuve segura de haber dicho aquello en voz alta.
-Descansa sobre mí- y sentí que cambiaba su peso y su agarre, y aquello pareció más un abrazo que una postura de baile.
Y entonces el arrullo de su palpitar y la música, y quizás también el calor que emanaba de su cuerpo.... o quizás su pecho vibrando mientras tarareaba la última canción que bailamos... o quizás... No sé. No recuerdo qué ocurrió, pero la cuestión es que olvidé las palabras. Olvidé cómo había llegado a ese bar. Olvidé mi origen, mi procedencia y mi nombre. Horas más tarde sentí la mullida hierba en la espalda, la brisa del exterior en el rostro y mi mano alzándose a cada respiración de aquel joven. No habíamos vuelto a hablar, solo compartimos el sueño y nuestra presencia y, por una vez, no necesité nada más. Y supe que él lo sabía, porque nunca, nunca... me pidió otro baile.
*Podéis preguntarme de dónde salió esta historia, que ni siquiera es un relato completo. No podré responder. Solo sé que necesitaba escribir o dejar constancia de lo que quería en estos instantes. Un algo, un ente, una presencia que esté ahí. Y que esté ahí sin más. Una conexión o un "lo entiendo, pero baila conmigo. Sé que es lo que necesitas". Nada más. Y esto es lo único que he obtenido hoy...
**Reconstrucción---La esencia de las cosas (II) http://garabatolvidado.blogspot.com.es/2014/06/reconstruccion-la-esencia-de-las-cosas.html
miércoles, 9 de octubre de 2013
Lo que soy.
Cuando me miré al espejo, no hubo seña alguna de reconocimiento en mi rostro y, por un instante, pensé que me había perdido por completo. Me dije: ¿y si he cambiado tanto que ya no sé ni quien soy, ni dónde estoy, ni el rumbo que he tomado? Entonces me vi impulsada a hacer algo totalmente absurdo. Pegué la oreja al espejo y... sí. Allí, donde yo me buscaba, percibí un murmullo que fue reconocido por mi subconsciente como un latido. Más concretamente como MIS latidos, los que me daban vida... y me encontré de nuevo.
miércoles, 2 de octubre de 2013
El Hada de las Palabras
El Hada de las Palabras perfecciona sus poemas escuchando a los hombres, pero cuando quiere unir dos almas susurra con malicia unos cristalinos versos en sus oídos. Los manipula y les hace pensar que el azar ha puesto las mismas palabras en sus mentes, en individuos lejanos e incompatibles. Que por ende, creatividad tan brillante debe realizar el camino formando una sola esencia. Así se crea el destino. Surge de un engaño tan vil que ni las propias hadas podrían haberlo ideado.
sábado, 28 de septiembre de 2013
Viñeta de horror.
Cuando pienso en ello solo oigo un pitido agudo. Me veo desde fuera y ahí estoy yo, sola y quieta en la oscuridad de una habitación, iluminada por un péndulo luminoso que no es otra cosa que una zumbante bombilla vieja. Mis rasgos en blanco y negro de pronto se contraen. A cámara lenta mis brazos se levantan y cubren mis orejas mientras que mis ojos se cierran poco a poco. Los párpados se aprietan y al hacerlo, mi frente se arruga también. Mi boca se abre y aunque no se oye, se sobreentiende un grito desgarrador. Después dejo de verme a mi misma, porque la imagen se vuelve borrosa. Quizás estoy llorando. Los latidos de mi corazón, en marcha fúnebre, aún retumban en la habitación, haciendo que los pies de esta espectadora tiemblen bajo unas piernas que ya no quieren sostener un cuerpo vacío.
domingo, 22 de septiembre de 2013
¿Qué eres en verdad? Solo tú lo sabrás.
Oculta, miente, daña y luego llora
La verdad te carcome
Y luego te mata
jueves, 12 de septiembre de 2013
Habitaré lo inhabitable.
Nosotros escribimos una historia hace tiempo. ¿Mucho o poco? Eso es relativo. Tal vez la hayas difuminado y ni siquiera la recuerdes en todo su esplendor. La gente suele comentar que destruir es mucho más fácil que crear. Lo que nadie me dijo nunca es que luchar contra la destrucción te va consumiendo poco a poco hasta que al final, todo lo que quieres mantener, se hace polvo. Supongo que es la historia del mundo. Todo se reinventa y, algunas cosas, se reciclan. Dentro de unos meses comenzaré a atragantarme con el humo de nuestra hoguera contaminada. El paraje que plantamos... quién sabe. Digo yo que se consumirá también y se volverá un desierto. Como todo. Todo lo que alguna vez quise... en lo que tuve fe. Solo espero que mientras te vea alejarte sin mirar atrás, las cenizas que vayas dejando brillen para indicarme la salida a mí también. Si no es así, sino logro huir... me quedaré aquí atrapada. Pero todos sabemos que terminaré reconstruyendo este mundo nuestro. Y lo haré yo sola. Y habitaré lo inhabitable. Por los dos.
domingo, 11 de agosto de 2013
Principios afectados.
No puedo oír música de discoteca sin alterarme. Tampoco observar cómo ellas se arreglan para la ocasión, sabiendo o ignorando, que ellos las buscarán para satisfacer su ansiedad. Unas creerán que han encontrado un príncipe azul que las colmará de atención al menos por unas horas. Otras saben lo que han venido a hacer allí y no les importará. De esas no me preocupo, solo me dan pena. Pero la otra cara de la moneda está plagada de inocencia, y es una cara que se termina oxidando. Y la oxidáis vosotros.
Gracias a todos los que colaboráis con esto, no puedo quedarme de público. La carga de conciencia me pesa por ellos. Por ellas. Me incita a buscar una solución. ¿A caso estoy rota? ¿A caso debería desear estar allí? ¿Pelearme por un hueco entre las manos de un desconocido? No. Me niego. Los que estáis rotos sois vosotros. Por eso huyo. Porque no os puedo reparar.
Gracias a todos los que colaboráis con esto, no puedo quedarme de público. La carga de conciencia me pesa por ellos. Por ellas. Me incita a buscar una solución. ¿A caso estoy rota? ¿A caso debería desear estar allí? ¿Pelearme por un hueco entre las manos de un desconocido? No. Me niego. Los que estáis rotos sois vosotros. Por eso huyo. Porque no os puedo reparar.
domingo, 21 de julio de 2013
Lo que oculta la verdad.
Hoy estoy reflexionando. Al final incluso me he enfadado por no llegar a entenderlo. ¿Se puede ser totalmente sincero, pero hacer que la gente, aun así, no te vea? Y no me refiero al mero trámite de ponerse unas gafas. Me refiero al interior. Desde luego hay veces que dan ganas de pegarse cabezazos contra la mesa. ¿Para qué contar la verdad si, de lo tercos y desconfiados que somos, incluso teniendo la certeza frente a los ojos, no vamos a creer que eso sea todo?
Mirad. Si queréis conocerme, aquí estoy. Estoy totalmente expuesta. Si estoy seria es porque estoy pensando, no hay segundas ni terceras caretas. No soy una chica risueña cada segundo de mi vida. Si me rio no lo hago por halagarte. Si os suplico "quedaros un rato más", no es por haceros sentir bien, sino porque me encantaría que lo hicierais. Si no queréis quedaros, no voy a suplicaros más, porque respeto las decisiones del resto. No hay dobleces. Si bien es cierto que muchas veces callo, es por un buen motivo. La mayoría de ellas lo hago porque no me gusta hablar cuando no sé si lo que voy a pronunciar es la realidad. La inseguridad y las dudas entorpecen la verdad a veces. Pero eso, muchos, ya lo sabéis.
Cuando digo que aquí estoy para que me conozcáis, no significa que vayáis a venir a bañaros en un mar de claridad. No soy fácil. No soy normal. No soy predecible. Cometo muchos errores tontos por mi afán de hacer las cosas bien. De nuevo, estoy siendo sincera. Pese a esto ya habrá alguno que dirá: "¡Joder! ¡Esta tía se cree superior al resto!" Simplemente estoy avisándolo. No soy una constante. Si ni yo misma me reconozco a veces, si ni siquiera tengo tiempo para comprender mis emociones y ordenarlas... si no puedo elegir con tranquilidad ninguna opción porque mi personalidad no se decanta por ninguna, ¿qué puedo esperar que sepáis vosotros de mí? ¿Puedo aguardar a alguien que realmente se adelante a mis acciones? ¿Deseos? ¿Mis peores momentos?
Pues por todo lo que he insinuado arriba: no, no soy una persona de gentes. Temo por aquel que trate de encontrarme en las profundidades de lo que me voy convirtiendo. Cada vez que alguien intenta averiguar más sobre mí y yo trato de no estropearlo, no funciona. Si no hago nada, parece que todos se vuelven locos y dispersos a mi alrededor. Todo se torna enredado de pronto, de un día para otro incluso. Así que finalmente dejaré de estar expuesta. Las corazas son muy útiles. Dejan que te vean solo hasta un punto crítico y límite... ese que si atraviesas ya no hay marcha atrás porque te arrastra hacia las personas.
A día de hoy admito que me he plantado. No quiero repetir esto. "Hasta aquí hemos llegado".
Corazón de piedra.
Mirad. Si queréis conocerme, aquí estoy. Estoy totalmente expuesta. Si estoy seria es porque estoy pensando, no hay segundas ni terceras caretas. No soy una chica risueña cada segundo de mi vida. Si me rio no lo hago por halagarte. Si os suplico "quedaros un rato más", no es por haceros sentir bien, sino porque me encantaría que lo hicierais. Si no queréis quedaros, no voy a suplicaros más, porque respeto las decisiones del resto. No hay dobleces. Si bien es cierto que muchas veces callo, es por un buen motivo. La mayoría de ellas lo hago porque no me gusta hablar cuando no sé si lo que voy a pronunciar es la realidad. La inseguridad y las dudas entorpecen la verdad a veces. Pero eso, muchos, ya lo sabéis.
Cuando digo que aquí estoy para que me conozcáis, no significa que vayáis a venir a bañaros en un mar de claridad. No soy fácil. No soy normal. No soy predecible. Cometo muchos errores tontos por mi afán de hacer las cosas bien. De nuevo, estoy siendo sincera. Pese a esto ya habrá alguno que dirá: "¡Joder! ¡Esta tía se cree superior al resto!" Simplemente estoy avisándolo. No soy una constante. Si ni yo misma me reconozco a veces, si ni siquiera tengo tiempo para comprender mis emociones y ordenarlas... si no puedo elegir con tranquilidad ninguna opción porque mi personalidad no se decanta por ninguna, ¿qué puedo esperar que sepáis vosotros de mí? ¿Puedo aguardar a alguien que realmente se adelante a mis acciones? ¿Deseos? ¿Mis peores momentos?
Pues por todo lo que he insinuado arriba: no, no soy una persona de gentes. Temo por aquel que trate de encontrarme en las profundidades de lo que me voy convirtiendo. Cada vez que alguien intenta averiguar más sobre mí y yo trato de no estropearlo, no funciona. Si no hago nada, parece que todos se vuelven locos y dispersos a mi alrededor. Todo se torna enredado de pronto, de un día para otro incluso. Así que finalmente dejaré de estar expuesta. Las corazas son muy útiles. Dejan que te vean solo hasta un punto crítico y límite... ese que si atraviesas ya no hay marcha atrás porque te arrastra hacia las personas.
A día de hoy admito que me he plantado. No quiero repetir esto. "Hasta aquí hemos llegado".
Corazón de piedra.
miércoles, 17 de julio de 2013
Cuando lo veo venir.
Golpeará mi puño la mesa en la que escribo, se manchará de la tinta que nace de mis venas y la fuerza del mismo golpe retorcerá la tierra. La irá nacerá de las semillas de la decepción y cubrirá mi existencia hasta que sus espinosas enredaderas me ahoguen... porque callaré. Callaré por el bien de los más cercanos, por la fe en los hombres. Morderé mi propia carne para hacer que las palabras regresen a mis tripas, aunque después las retuerzan. Podría alzar la mano contra ti y mancillar tu rostro hasta que atendieras a razones, pero no sería yo, maldita sea. No sería yo. Y lo peor de todo es que sé, que si no lo hago, tampoco tú serás tú mismo. ¿Nos entendemos? Tu soledad te arrastrará a un pasado del que te alejé hace tiempo mientras me hería las manos. Y ahora que estás desamparado porque no puedo sostenerte dime, ¿qué eliges? Sigue mis pasos, te grito, síguelos o nos haremos daño. Mis manos perecerán tratando de tejer una tela que amortigüe tu caída. Mi desespero helará mi alma y tenebrosa, vagará hasta la expiación que da la muerte.
sábado, 22 de junio de 2013
Vivencias que fueron y son.
Cuando era más joven, tenía un blog que poca gente conocía. Normalmente explicaba las cosas que me iban sucediendo. Todos mis sentimientos, tal y como me atravesaban los huesos, están ahí plasmados con más o menos calidad. A lo largo de esta etapa adulta en la que estoy entrando, muchísima gente ha pretendido descalificar algunas de mis vivencias. "Te afectó tanto porque eras pequeña", "cuando te vuelvas a sentir así te darás cuenta de que no hay que darle tanta importancia". A veces me tengo que morder la lengua cuando lo que quiero intentar es que me escuchen, y que entiendan que cuando ellos tenían 14 años y jugaban con coches yo intentaba descifrar el universo. Me he criado con adultos, crecí rápido. ¡Qué le iba a hacer! Sin embargo, cuando mantengo algunas conversaciones incluso yo dudo de mí misma. Digo: quizás, aunque la gente notara que para la edad que tenía era muy madura, la realidad es que no lo era.
El otro día entré en el blog que había escrito. No tengo palabras. Me encontré a mí misma y hallé una parte de mí que había enterrado. Pese a que en los inicios de las redes sociales tds skribíams assí d guay, muchísimas cosas de las que explicaba en aquellos tiempos las sigo pensando ahora. Los textos más cuidados de ortografía, podría hacerlos pasar por relatos escritos con mi actual experiencia. Parece que me he estancado, y sin embargo sigo creciendo. Por supuesto, no pude evitar una sonrisa triunfal cuando los sentimientos que plasmé, tan bien redactados, me impactaron hasta dejarme sin aire. Sentí, me apené, me deprimí, lloré, me carcajeé, porque todo lo sentía de una manera tan intensa que me volvía loca. No hay forma de que descalifiquéis mi pasado. Alba adolescente fue tal y como yo recordaba. Una chica normal que pensaba y sentía demasiado.
El otro día entré en el blog que había escrito. No tengo palabras. Me encontré a mí misma y hallé una parte de mí que había enterrado. Pese a que en los inicios de las redes sociales tds skribíams assí d guay, muchísimas cosas de las que explicaba en aquellos tiempos las sigo pensando ahora. Los textos más cuidados de ortografía, podría hacerlos pasar por relatos escritos con mi actual experiencia. Parece que me he estancado, y sin embargo sigo creciendo. Por supuesto, no pude evitar una sonrisa triunfal cuando los sentimientos que plasmé, tan bien redactados, me impactaron hasta dejarme sin aire. Sentí, me apené, me deprimí, lloré, me carcajeé, porque todo lo sentía de una manera tan intensa que me volvía loca. No hay forma de que descalifiquéis mi pasado. Alba adolescente fue tal y como yo recordaba. Una chica normal que pensaba y sentía demasiado.
jueves, 20 de junio de 2013
Declaración de intenciones.
No creo que sea muy difícil de comprender. Quiero libertad. Quiero atisbar el horizonte, decidir ir hacia él y que nadie me siga, ni tire el ancla de mi barco para que no llegue. No me apetece mirar los lugares y que de pronto me lleguen recuerdos de cosas que pudieron ser y no fueron. Me gusta sentarme en un sofá cerca del sol y leer un libro sin que mi móvil suene. Adoro dar un paseo, ir a clases y volver tranquilamente en el autobús sin hablar con nadie. Me encanta decidir qué voy a hacer durante el día, no que me lo organicen. Cuando suena la música quiero bailar y gritar la letra sin que nadie me de un codazo y me diga: "Eh, que nos están mirando". Quiero mirar a un chico y soñar con que sea un personaje de mis libros. Me gusta sentir y no pensar que está mal. Que está mal percibir la belleza de otras personas, que está mal sentirse deseada, que está mal girarse de vez en cuando y decir "echo de menos lo que perdí". Odio que todo el mundo vaya de frente y olvide lo de atrás. Me enerva que parezca un pecado tener dudas, porque soy la persona más insegura del planeta y joder, que me apetece pensar las cosas y decir "me equivoqué". No pienso estar condicionada. No quiero decirte que me caes bien cuando eres odioso. No me da la gana seguirte en twitter y aceptarte en mis redes sociales porque te he visto unas cuantas veces durante un año. Me gusta pensar y saber que no le debo nada a nadie, porque lo que se me ha dado se ha entregado con toda la buena voluntad del mundo. Quiero enamorarme, llorar, sufrir. No quiero condiciones. Quiero crecer. No me gusta decidir qué tengo que hacer porque el futuro se me eche encima. Solo... solo me necesito a mí misma ahora mismo. Sin dar explicaciones. Sin censuras. Solo quiero vivir sin miedo a decir algo que pueda herir a todo el mundo. Odio que se cuelguen de mí, que se creen tales dependencias que una no pueda ser sincera y decir: hoy no puedo verte, hoy no me apetece hablar contigo. Parece que estamos obligados a corresponder a todo, y ese es el problema. Yo quiero ayudar sin que se me obligue. De por sí me sale solo tender la mano cuando alguien se ha caído. Te abrazaré cuando estés triste, pero por favor. No me atosiguéis, no pretendáis saber dónde estoy, qué como y a qué hora me acuesto. No me controléis. Soy independiente y me gusta estar a este lado del espejo, en mi mundo. Parece que todo el mundo quiere invadir al resto de personas, como si se fueran a ahogar en un vaso de agua si no hay nadie cerca.
Quiero que la gente entienda que aunque ellos no quieran tener un espacio propio, yo sí. Respeto que no queráis sentaros un momento en silencio y reflexionar, o simplemente salir a pasear en soledad. Me siento totalmente atada de pies y manos con la actitud de la gente hacia los que consideran amigos, parejas o conocidos, como si hacer lo que debería surgir, salir de nosotros... fuera una obligación.
Quiero que la gente entienda que aunque ellos no quieran tener un espacio propio, yo sí. Respeto que no queráis sentaros un momento en silencio y reflexionar, o simplemente salir a pasear en soledad. Me siento totalmente atada de pies y manos con la actitud de la gente hacia los que consideran amigos, parejas o conocidos, como si hacer lo que debería surgir, salir de nosotros... fuera una obligación.
No dejéis que un gesto bonito, una llamada inesperada o un "¿estás bien?" se reciban porque vosotros lo habéis pedido. Dejad un poco de margen. Los que os quieren estarán ahí, pese a todo.
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